El error de Gxxx fue un fracaso y yo soy un idiota.
Solo puedo prenderme fuego de aqui en mas... es lo unico que puedo hacer para volver a dormir
lunes, 31 de mayo de 2010
miércoles, 26 de mayo de 2010
Lo que hace falta...

A veces no hace falta nada para caer derrotado... a veces se necesita simple curiosidad para asegurarte 8 horas de un insomnio intermitente de magnitudes insoportables. No se necesita ninguna droga para no poder dormir. Podes simplemente querer conocerte, querer creerte inmune.
Venía bailando de una noche que creía victoriosa. Había podido decirle que no al diablo y estaba dandole unos retoques de humo a un dia sin grandes sorpresas con balance levemente positivo. Una caminata por Villa Diamante, porro, viajes, cerveza, nada del otro mundo.
Para romperte en mil pedazos solamente necesitas alzar la vista. El que controle tu vida va a saber que ponerte en frente para poder ganarte. Va a conocer tu talon de Aquiles.
Caí de pechito, justo de noche. Justo antes de dormir. Estaba seguro de poder conciliar un sueño que sería hermoso, sin grandes problemas, tal vez hasta sin sueños que pueda recordar.
Tal vez me falto el famoso error de Gxxx que vengo pensando como prevenir y resolver. Quizas por eso terminé revolviendo la olla.
Tal vez sea necesario incendiarme como viene sucediendo para por fin renacer de las cenizas.
El niño de los tambores me acaba de contar que Lucifer reina en la Tierra. Que El le dijo que no podemos fallarle, porque el nunca nos falla a nosotros.
Venia bailando de una noche que creí victoriosa. Ahora estoy pensando... Solo no puedo ganar un puto partido.
Para caer derrotado solo hacen falta un segundo justo, un lugar cualquiera y un par de ojos vampiros...
sábado, 22 de mayo de 2010
Curiosidades del 3er piso
Yo los vi. La primera vez que el pibe ese lo vio al gauchito, lo vio detonado, haciendo una fila con un piluso en la cabeza, cabeza que estaba vaya uno a saber donde. No existió contacto. Se conocieron en el medio de una avenida y estuvieron hablando mil noches sobre distintas mierdas, verdades, mentiras, porro, rock, merca, sexo, futbol, minas... todo.
La banda tocaba y a veces el pibe y el gauchito detonaban ahi o en algun sucucho de mala muerte con olor a chivo y porro en el ambiente.
Apareció el petizo con pelo de negro y eran ya 3. Alguna que otra vez, un par de años mas tarde, habran vuelto a fumar marihuana, se habrán tomado un pase y 10 litros de cerveza los 3 juntos.
Hoy acá esta por llover y los perros están ladrando más fuerte que la semana pasada...
La banda tocaba y a veces el pibe y el gauchito detonaban ahi o en algun sucucho de mala muerte con olor a chivo y porro en el ambiente.
Apareció el petizo con pelo de negro y eran ya 3. Alguna que otra vez, un par de años mas tarde, habran vuelto a fumar marihuana, se habrán tomado un pase y 10 litros de cerveza los 3 juntos.
Hoy acá esta por llover y los perros están ladrando más fuerte que la semana pasada...
martes, 18 de mayo de 2010
hubo un tiempo en que nos divertíamos bajando estrellas del cielo, sin escalas al plato y masticar lo que sea. aquellas noches las calles no eran peligrosas; el peligro estaba vivo en la esquina nomás, latía con tal fuerza que contrarrestaba dignamente el embate de todos. la barra la integrábamos nosotros, diez o doce comensales fieles a la adolescencia, a sus ritos, a sus modas, a nuestra forma insignificante de vida. algunos arrastrábamos historias de años, que llegaban veladamente desde detrás de un vidrio polarizado, reflejo eterno de un pasado menor, almuerzos, cuadras, timbres, las tardes de fútbol por dos pesos, y una lista interminable de fechorías audaces.
era usual llegar al punto de origen para notar el virus infeccioso que amenazaba con extinguir nuestra relativa paz. Federico (o Fernando, quién sabrá), el morocho, Peña en sus últimos intentos, amigos del gordo Leo, de otros clanes, invadían el círculo que creía cerrado, pisaban hasta el achaque los peldaños de una escalera que no resistiría más trepaduras ni travesuras. cuando se necesitaba una apertura superlativa de los nervios receptores, agudizar los sentidos en vista del sacrificio que nos exigirían los tiempos venideros, era cuando me entraba el miedo a perder mi porción de torta, áquella que degustábamos y endulzaba los minutos.
la paranoia que nos perseguía incesante era la bofia. bastaba con alzar el volumen para que sus autos federados acelerasen y frenasen frente a nuestras narices congeladas; sin embargo, mantuvimos la buena moral invicta, y para cada redada teníamos una salida preparada, a cada pregunta una respuesta, así como para cada bolche hay un menche. el procedimiento era siempre el mismo. el ballet oscuro llegaba y ensayabámos la rutina, conociendo ya desde siempre dónde había que ubicarse, qué hacer y qué no hacer (eso era lo importante), además estaban nuestros derechos, los helechos los pertrechos desechos rehechos maltrechos subyugados a una escenita memorable. de frente a la pared, practicaban con nuestros tobillos la resistencia de sus botas, de cuero fundido negro, atomizado al cuero de esas piernas como un solo pistón fulminante. lo que llaman 'brutalidad' lo fuimos conociendo de golpe, a zarandasos puros, sin necesidad de Platones que nos expliquen un contenido furioso de la conducta semi-animal de estos impunes autoritarios.
una única vez el barco zozobró y estuvimos al límite de hundirnos y terminar durmiendo custodiados. el Pollito habló en exceso, técnica deleznable para las tortugas auriazuladas y su metodología excluyente de elocuencia. en dos segundos (sabiendo que la eternidad dura lo que duran dos condenados segundos) nos vi hacinados, sobre trapos mugrientos en un hotel (-)5 estrellas, rodeados de orines y paredes desnudas. tres paredes de cemento frías y otra por la cual nos helaba la frialdad sentimental de los guardianes, el aroma frío de unas pizzas y los cubos que echaban en las copas de vino. la marea pasó baja, naufragamos, pero recuperamos la compostura y el barco.
nuestros tutores estaban ocupados en educarse y espiarnos, en vez de informarnos que Dios no es Dios, que no hay límites mentales para la mayoría de edad, o que la venganza es consecuencia ineludible de la suma de dolor y poder. nos la tenían jurada. por eso el asesinato de Adrián, por eso el casi-asesinato de Quique, por eso también Dieguito ¡pobre! chivo expiatorio de nuestros pecadelitos que no obtendrían redención terrenal.
en este planetita inventariamos buenas y malas, las que hacen sonreir y las otras; pero vislumbré el punto blanco final al que marchábamos, milicia urbana cruzando los Andes todos los días. lo mío era nuestro, lo tuyo también era nuestro, una vida simplificaba las otras, acaso mimetizados y al morir uno los restantes simplemente se desintegrarían, ahondándose en un interno big bang al revés y ¡BANG! liquidado estás. el fin del universo, de los multiversos que conformaban la amalgama poética de la esquina.
"Las cinco esquinas" la llamé, aunque en realidad eran seis.
era usual llegar al punto de origen para notar el virus infeccioso que amenazaba con extinguir nuestra relativa paz. Federico (o Fernando, quién sabrá), el morocho, Peña en sus últimos intentos, amigos del gordo Leo, de otros clanes, invadían el círculo que creía cerrado, pisaban hasta el achaque los peldaños de una escalera que no resistiría más trepaduras ni travesuras. cuando se necesitaba una apertura superlativa de los nervios receptores, agudizar los sentidos en vista del sacrificio que nos exigirían los tiempos venideros, era cuando me entraba el miedo a perder mi porción de torta, áquella que degustábamos y endulzaba los minutos.
la paranoia que nos perseguía incesante era la bofia. bastaba con alzar el volumen para que sus autos federados acelerasen y frenasen frente a nuestras narices congeladas; sin embargo, mantuvimos la buena moral invicta, y para cada redada teníamos una salida preparada, a cada pregunta una respuesta, así como para cada bolche hay un menche. el procedimiento era siempre el mismo. el ballet oscuro llegaba y ensayabámos la rutina, conociendo ya desde siempre dónde había que ubicarse, qué hacer y qué no hacer (eso era lo importante), además estaban nuestros derechos, los helechos los pertrechos desechos rehechos maltrechos subyugados a una escenita memorable. de frente a la pared, practicaban con nuestros tobillos la resistencia de sus botas, de cuero fundido negro, atomizado al cuero de esas piernas como un solo pistón fulminante. lo que llaman 'brutalidad' lo fuimos conociendo de golpe, a zarandasos puros, sin necesidad de Platones que nos expliquen un contenido furioso de la conducta semi-animal de estos impunes autoritarios.
una única vez el barco zozobró y estuvimos al límite de hundirnos y terminar durmiendo custodiados. el Pollito habló en exceso, técnica deleznable para las tortugas auriazuladas y su metodología excluyente de elocuencia. en dos segundos (sabiendo que la eternidad dura lo que duran dos condenados segundos) nos vi hacinados, sobre trapos mugrientos en un hotel (-)5 estrellas, rodeados de orines y paredes desnudas. tres paredes de cemento frías y otra por la cual nos helaba la frialdad sentimental de los guardianes, el aroma frío de unas pizzas y los cubos que echaban en las copas de vino. la marea pasó baja, naufragamos, pero recuperamos la compostura y el barco.
nuestros tutores estaban ocupados en educarse y espiarnos, en vez de informarnos que Dios no es Dios, que no hay límites mentales para la mayoría de edad, o que la venganza es consecuencia ineludible de la suma de dolor y poder. nos la tenían jurada. por eso el asesinato de Adrián, por eso el casi-asesinato de Quique, por eso también Dieguito ¡pobre! chivo expiatorio de nuestros pecadelitos que no obtendrían redención terrenal.
en este planetita inventariamos buenas y malas, las que hacen sonreir y las otras; pero vislumbré el punto blanco final al que marchábamos, milicia urbana cruzando los Andes todos los días. lo mío era nuestro, lo tuyo también era nuestro, una vida simplificaba las otras, acaso mimetizados y al morir uno los restantes simplemente se desintegrarían, ahondándose en un interno big bang al revés y ¡BANG! liquidado estás. el fin del universo, de los multiversos que conformaban la amalgama poética de la esquina.
"Las cinco esquinas" la llamé, aunque en realidad eran seis.
en algún momento del 2003
a la edad de 17 años
a la edad de 17 años
Te asfixio mucho
(...) Temblando se miró las manos y se propuso escaparse lo menos posible...
"Hecha la ley, hecha la trampa"
"Hecha la ley, hecha la trampa"
domingo, 16 de mayo de 2010
martes, 4 de mayo de 2010
Espejos rotos (o de como arruinarlo todo NO siendo)
Desde el vamos estuve errado. Me senté esperando que aquellas cosas que estaban mal volvieran a mi arregladas, en vez de esperar por algo nuevo o, mejor aún, salir a buscarlo. Lo único que puedo tratar de arreglar es mi cabeza, hoy encerrada sin muchas ganas y con muy pocas ideas.
Tengo bastantes cosas resueltas, items tachados en mi lista y razones descartadas. Siento que cada vez estoy mas cerca. Creo que el pensar que puedo llegar a dar la imagen equivocada que quiero lograr, de una forma NO tan inconsciente (como más de uno puede pensar) puede haber sido el detonante que reorganizó sin mi permiso mis prioridades y me dejo parado en Pampa y la vía, con mucho en los bolsillos pero con muy poco que me interese alrededor.
Cada vez que alguien es amable y me pregunta por compromiso si existen formas de reconstruir eso que ya no tiene arreglo, les contesto que no, que mi forma de ser egoísta jamás me permitiría mirar hacia otro lado ignorando que probablemente ya no sea el único pescadito de ese estanque. No existe el orgullo en este caso, no hay ninguna cuestión de superacion personal ni demostraciones de falsa grandeza.
Ni siquiera se porque estoy escribiendo sobre esto. Después de todo viene aca a hablar sobre el niño de los tambores.
Lo vi en la madrugada del domingo. Yo volvía con algo parecido a un sentimiento satisfactorio. Había estado un poco con el diablo pero, para desgracia de mis pulmones, siempre existe la forma de volver a poner los pies en la Tierra.
Lo vi muchas otras veces. Podria dividir en mitades casi iguales las veces que lo vi solo y las veces que lo vi con su mono colgado en su espalda. El niño de los tambores escribió sobre esto último.
El niño de los tambores no entiende razones. Dentro de no mucho tiempo, probablemente esté sentado, añorando lo que entonces serán viejas épocas, gordo, obedeciendo las órdenes de su madre, solo y sin un peso.
Los próceres apuestan, ¿Quién irá a parar a manos ajenas hoy? ¿Quien será el suertudo al que le den un par de vueltas?
Los perros no le ladran al niño de los tambores, y a mi si. Hay algunos que piensas que yo quiero parecerme a él... No podrían estar más equivocados.
Tengo bastantes cosas resueltas, items tachados en mi lista y razones descartadas. Siento que cada vez estoy mas cerca. Creo que el pensar que puedo llegar a dar la imagen equivocada que quiero lograr, de una forma NO tan inconsciente (como más de uno puede pensar) puede haber sido el detonante que reorganizó sin mi permiso mis prioridades y me dejo parado en Pampa y la vía, con mucho en los bolsillos pero con muy poco que me interese alrededor.
Cada vez que alguien es amable y me pregunta por compromiso si existen formas de reconstruir eso que ya no tiene arreglo, les contesto que no, que mi forma de ser egoísta jamás me permitiría mirar hacia otro lado ignorando que probablemente ya no sea el único pescadito de ese estanque. No existe el orgullo en este caso, no hay ninguna cuestión de superacion personal ni demostraciones de falsa grandeza.
Ni siquiera se porque estoy escribiendo sobre esto. Después de todo viene aca a hablar sobre el niño de los tambores.
Lo vi en la madrugada del domingo. Yo volvía con algo parecido a un sentimiento satisfactorio. Había estado un poco con el diablo pero, para desgracia de mis pulmones, siempre existe la forma de volver a poner los pies en la Tierra.
Lo vi muchas otras veces. Podria dividir en mitades casi iguales las veces que lo vi solo y las veces que lo vi con su mono colgado en su espalda. El niño de los tambores escribió sobre esto último.
El niño de los tambores no entiende razones. Dentro de no mucho tiempo, probablemente esté sentado, añorando lo que entonces serán viejas épocas, gordo, obedeciendo las órdenes de su madre, solo y sin un peso.
Los próceres apuestan, ¿Quién irá a parar a manos ajenas hoy? ¿Quien será el suertudo al que le den un par de vueltas?
Los perros no le ladran al niño de los tambores, y a mi si. Hay algunos que piensas que yo quiero parecerme a él... No podrían estar más equivocados.
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