Sentados otra vez en la puta montaña donde acostumbrabamos subirnos (con una frecuencia ya casi irritante), nos dimos cuenta de que ya no queriamos estar mas aca. Hay sangre para donde mires y los palizones siguen haciendo lo que mejor saben.
Pueden pasar mil años y otros mil mas y aca vamos a estar. Sentados, comodos, aburridos, tristes y cambiantes, como toda nuestra vida. Somos los que estamos en el medio, viendo como disfrutan unos y como se desarman otros. Las quejas se repiten y se van a seguir repitiendo mientras estemos mirando las ruedas. Es díficil salir de una posicion en donde el culo se siente a gusto.
Hablar de pelea ya es casi un motivo de risa. Sigamos con la guitarrita.
Dios proveerá.
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