martes, 4 de mayo de 2010

Espejos rotos (o de como arruinarlo todo NO siendo)

Desde el vamos estuve errado. Me senté esperando que aquellas cosas que estaban mal volvieran a mi arregladas, en vez de esperar por algo nuevo o, mejor aún, salir a buscarlo. Lo único que puedo tratar de arreglar es mi cabeza, hoy encerrada sin muchas ganas y con muy pocas ideas.
Tengo bastantes cosas resueltas, items tachados en mi lista y razones descartadas. Siento que cada vez estoy mas cerca. Creo que el pensar que puedo llegar a dar la imagen equivocada que quiero lograr, de una forma NO tan inconsciente (como más de uno puede pensar) puede haber sido el detonante que reorganizó sin mi permiso mis prioridades y me dejo parado en Pampa y la vía, con mucho en los bolsillos pero con muy poco que me interese alrededor.
Cada vez que alguien es amable y me pregunta por compromiso si existen formas de reconstruir eso que ya no tiene arreglo, les contesto que no, que mi forma de ser egoísta jamás me permitiría mirar hacia otro lado ignorando que probablemente ya no sea el único pescadito de ese estanque. No existe el orgullo en este caso, no hay ninguna cuestión de superacion personal ni demostraciones de falsa grandeza.
Ni siquiera se porque estoy escribiendo sobre esto. Después de todo viene aca a hablar sobre el niño de los tambores.
Lo vi en la madrugada del domingo. Yo volvía con algo parecido a un sentimiento satisfactorio. Había estado un poco con el diablo pero, para desgracia de mis pulmones, siempre existe la forma de volver a poner los pies en la Tierra.
Lo vi muchas otras veces. Podria dividir en mitades casi iguales las veces que lo vi solo y las veces que lo vi con su mono colgado en su espalda. El niño de los tambores escribió sobre esto último.
El niño de los tambores no entiende razones. Dentro de no mucho tiempo, probablemente esté sentado, añorando lo que entonces serán viejas épocas, gordo, obedeciendo las órdenes de su madre, solo y sin un peso.
Los próceres apuestan, ¿Quién irá a parar a manos ajenas hoy? ¿Quien será el suertudo al que le den un par de vueltas?
Los perros no le ladran al niño de los tambores, y a mi si. Hay algunos que piensas que yo quiero parecerme a él... No podrían estar más equivocados.