el guachito se sentó a la mesa con Dios y con el Diablo. no tenía mucho camino recorrido pero sabía diferenciar las patologías de la enfermedad. la cuestión es que desconocía las causas primitivas del problema, y eso lo exacerbaba al punto de canjear un tramo del camino venidero, por dosis de tranquilidad. sentados a sus costados, los personajes vanidosos. dos colosos implacables drogadictos, que en una mano de naipes se juegan a ver quién la tiene más grande (su lugar en la eternidad). frente a ti, muchacho, los manjares más apetitosos que un chef pudiere soñar; mezclas raras de carnes tiernas de todos tus animales preferidos de la infancia, aunque sospechás que las salsas viscosas que los recubren sean pus de ojos humanos. a pesar de tu desconfianza, tu estómago chirría y cierra las compuertas de la pulcritud. comés opíparamente, desesperadamente, sabiendo de antemano que los reyes de la mansión te iban a dar el tiempo suficiente para saturar tu hambre y tu curiosidad. vistos los placeres y las torturas, dudaste.
(continua debajo)
sábado, 20 de noviembre de 2010
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