
hoy: la VERDAD
de la victoria
Fueron solamente un par de noches. Ya estabamos curtidisimos de rocanroles lacrimógenos pero todavia no sabiamos nada de desesperación verdadera y esas ganas horribles de querer morir para poder dejar de llorar sin lágrimas. Nada de pericos, nada de vueltas alredor de la nada misma. Todavía el grado de inocencia era una delicia que al dia de hoy a veces extraño.
Ahí se podría decir que empezó casi todo. Algunos antecedentes no menores llevaron el avión para ese lado pero la verdadera joda jamás se podría haber concretado de no ser por ese nido histérico de luces insoportables. Sería un gran mentiroso (y muy malo por cierto) si dijera que ese agujero no fue determinante para gran parte de lo que paso más adelante en mi vida.
Estoy hablando de la obtención para mi vitrina de un trofeo excelente que brilló durante mucho tiempo a pesar de mis desatenciones constantes. Una espalda que bancó latigazos jodidos al igual que la mia. Muchas horas de placer, muchas de tortura, se agota la vida, un saludo de cortesia y nos vemos en algun lado tal vez, o tal vez nunca más. Sin embargo recuerdo con gracia aquellos viajes. Imposible no hacerlo, algunas horas fueron excelentes y mi compañero va a terminar por matarme cualquier dia de Ganja.
La historia del pisotón a aquel brazo inerte fue contada y aguantada hasta el cansancio. Y el cansancio mismo detonó la vitrina.
En el medio apareció rosario, cantando sobre claveles en el vientre y ojos de miel, escupiendome al cerebro imagenes del 76, con los militares reventando amores; sobre supernovas; sobre Vino Blanco y, gracias a Dios, emulando a Led Zeppelin con una precisión que pocas veces escuché. En el mismo medio aparecen las mil y un mierdas que hacen que la noche valga la pena. Entre tanta basura aparece mi sangre y toma un numero para hacer cola en la lista.
Nunca me dejaron pedaleando solo y hoy creo estar curado de casi todas mis miserias. Al menos hoy si me dejan dormir y sabemos bien que nosotros nos conformamos con eso...
a veces camino solo
y otras me acompaña la soledad
que es una buena compañera
cuando la única quimera
es simplemente caminar
y en una vuelta me encontré
en medio de la calle
a un perro rufián
y me mostró sus colmillos guardianes
y meta ladrar y ladrar
estaba dispuesto a morder
porque los animales temen a lo que les es extraño
y aunque terminen sin causar daño
la sensación de temor no se va
y en eso .. en eso son similares a los seres humanos
que aunque tiendan la mano
uno quiebra hasta el codo
“primero te saco algo
recién después preguntamos”
y las cosas si no son por acomodo
hay que dejar las tripas para ganarlas
porque el pez come peces
porque en el mar no hay otra cosa
porque el hombre mata al hombre
sin culpa y porque lo mandan
mata al que no conoce
mata para no morir
y en este ir y parir
uno nace para ser matado
por tener otro color de piel
por rezarle a otro Dios
o a provecho del Estado
y mata el chimpancé macho
al que no es tan macho
porque es la ley del más fuerte y poderoso
y lo mismo pasa con los osos, los colosos, los graciosos
y así todo se va al tacho
por no tener un poco de comprensión
por no dejar de lado al que no molesta
y aunque mucho cuesta ser tenido en cuenta
uno siempre intenta
a veces hasta se contenta
con que lo quieran tan sólo un poco
y no se anda mirando el coco
pa’ hacer problemas de tanto embrollo
porque el problema es sólo un escollo
que unos esquivan, y otros lo muestran
los más osados hasta lo enfrentan
y hay otros que se hacen mierda
pensando en todo su choclo
monedas de excusas busca en su bocho
que son resacas de lo que inventa
y escupe una pobre imprenta
medio poesía medio basura querida
pero que nadie diga
que es letra gastada o bochorno
y en la rueda que es nuestra vida
uno termina donde ha empezado
pues de la tierra es el gusano
y en la tierra está enterrado
el muerto, el problema y el pasado
y de todos los caminos que se han caminado
ya no sé ni dónde estoy parado
si hay caminos equivocados
o me he quedado encrucijado
[De La Cantera producciones]
Volvía caminando despacio por la vereda derecha, las manos en los bolsillos, a paso seguro pero lento. En la esquina apareció de repente un algo, simplemente se trasladó hacia delante a un ángulo desde donde lo pude ver. En apariencia era un ser humano normal; hombre, mediana edad, tenía unos kilitos de más y una estampa de vida amargada. Su vestimenta era la de suponerse para una tarde de Junio, un día nublado y con el aire que pesa como si las nubes se recostasen en su espalda. Sin embargo, sentí que el personaje había surgido de otra lapicera, en otra hoja distinta a ésta pero la misma, en otro tiempo similar al actual, tal vez fuera efecto de mi psiquis, o tal vez lo hubiera soñado y escrito ya desde siempre.
Quizá la combinación de colores restallaba en mis ojos agrietados, el naranja de la remera y el verde oliva de la chaqueta mutando, confundiendo sus límites y la esencia que determina que uno es naranja y el otro verde, que no es posible tratar de imitar a sus iguales y el asunto se acabó. Qué tantas explicaciones hay que andar dándole a un inmutable color… El pantalón jean, el reloj en su muñeca izquierda, el cigarrillo a medio fumar y la céniza por caerse, la tipicidad del olvidado por un sistema que no entiende de corazones frágiles y mentes suicidas, todo me indicaba que aquel pobre hombre era just one more, que verlo a él era algo natural y que por día se cuentan miles.
Nada de esto sería raro sin mencionar que al intentar mirarlo a los ojos, noté que en el lugar donde tendría que estar su cabeza, había una lámpara. <<¿Una lámpara?>>. Sí, una simple lámpara de luz como las que se consiguen en la ferretería de Julio a la vuelta de casa.
Al acercarme, distinguí sus facciones en detalle, sin sorprenderme del origen de una inquietud que nacía interiormente en mí, una brisa rápida que me helaba los huesos mientras le daba calor al cuerpo. ¿Cómo era posible que un sujeto así estuviese en esa esquina, vestido, compartiendo la vida con nosotros? Seguí acercándome a aquél con la misma paciencia que paseaba antes de conocerlo. Me pregunté cómo haría para fumar o respirar; si bajo esa ropa llamativa habría un cuerpo o un complejo entramado de cables. Las manos eran humanas, al menos; el sombrero también (no hay lámparas que escojan sombreros de traje para usar en su inmenso cristal). Si le dijeran que observe un punto específico, ¿podría hacerlo? ¿Podría usar ojos para ubicarme enfrente suyo, él estancado y yo en movimiento constante hacia él, y notar que en el lugar de mi cabeza hay una lámpara, que soy un algo extraño y sorprendente del cual debieran tener cuidado?
El mecanismo para estar sostenido en el peso de un pie y descansar el otro era legítimamente un acto humano. Movía sus piernas al compás del viento, únicamente le faltaba la mujer al lado para deleitarse en un baile de tango antiguo. Mis pies mientras tanto se arrimaban al círculo imaginario de su pista, rompiendo la seguridad de quien se cree dueño de su espacio, lo que hizo a aquél alarmarse y terminar el pucho en seguida y volver a entrar. No alcancé a observar cómo había podido fumar, duda vacía de contenido, pero de interés casi científico, casi curioso.
